Haciendo arte con amor!

Descubre el espacio donde arte y conversación se unen para cuidar tu mundo interior.

Sobre mí y mi camino…

​A veces, la vida tiene que detenerte en seco para que, por fin, puedas empezar a escucharte.
​Mi historia no empezó entre colores. Durante años, mi camino estuvo marcado por el mundo de las ciencias; todo el mundo —incluyéndome a mí— me veía dedicada a ese ámbito para siempre. Pero a los 27 años, durante mi primer embarazo, la vida me puso en pausa: un reposo absoluto en el séptimo mes me obligó a soltar el ritmo frenético de trabajo para quedarme quieta, en una cama.
​En ese silencio forzado, donde la ansiedad casi me gana la partida, el arte vino a buscarme.
​Empecé a crear sin parar, devorando revistas y materiales. Lo que nació como un refugio para calmar la mente, se convirtió en un fuego que ya no pude apagar. Al nacer mi hija, mi mundo había cambiado tanto que decidí estudiar arte formalmente, completando una formación de cuatro años en solo dos. Pero sentía que había algo más… que el arte no era solo técnica, sino un lenguaje del alma.
​El viaje hacia afuera para entender el adentro
​A los 30 años, una charla de TED «Las escuelas matan la creatividad» de Ken Robinson me sacudió profundamente. Empecé a viajar —desde la Patagonia hasta España— buscando pedagogías alternativas. Quería entender cómo aprendemos, pero en el camino terminé descubriendo cómo nos «desaprendemos».
​Ese viaje no solo cambió la educación de mis hijas; cambió la forma en la que yo entendía el arte y la vida. Comencé un proceso de desarrollo personal que, a mis 46 años, sigue siendo mi motor diario.

Del laboratorio al alma: Mi camino de vuelta a casa

Lo que he integrado en el camino

​Me formé como Arteterapeuta en Argentina y en España, me sumergí en procesos Gestalt, me capacité como facilitadora en Eneagrama y Arte Ritual. Para darle una estructura sólida a mi pasión por el acompañamiento humano, me especialicé en Inteligencia Emocional y me certifiqué como Coach Transpersonal en Valencia.
​El arte y la gestión emocional no han sido solo mis profesiones; han sido mis compañeros para transitar duelos, conflictos, separaciones y cambios de rumbo. Me han enseñado a desarmar la vida que creía que «tenía» que tener, para encontrar, por fin, la vida que me pertenece.

​De todo este recorrido nació Zendala. El nombre y el símbolo de la lámpara no son casuales; se inspiran en ese viaje de Aladino hacia lo profundo de la cueva. En el camino, los tesoros brillantes y el éxito superficial intentan distraernos, pero el verdadero poder reside en lo que parece más sencillo: la lámpara.
​Para mí, esa lámpara representa el encuentro con nuestro «genio» interior, ese creador que todos llevamos dentro. He aprendido que aprender a «pedir» es aprender a confiar y a creer, en realidad, es aprender a crear. Cuando dejamos de buscar afuera y nos atrevemos a entrar en nuestra propia cueva, descubrimos que somos capaces de dar forma a nuestros propios deseos y construir una realidad más coherente.

El tesoro que habita en mi cueva

Mi propósito en Zendala

​Hoy, mi trabajo es acompañarte en ese viaje al interior. No para enseñarte a pintar «bien», sino para que el arte y la palabra sean los puentes que te lleven a tu propia lámpara.
​A través del Coaching Transpersonal y la Gestión Emocional, te ayudo a drenar lo que te pesa e integrar nuevas herramientas que te permitan habitar una vida más coherente, auténtica y en paz contigo misma.

Estoy aquí para recordarte que el mayor tesoro ya lo tienes contigo; solo necesitamos el espacio para aprender a creer y confiar para empezar a crear.